Hoy como todas las pascuas, cientos de niños celebran este día buscando huevos dentro de los jardines de la casa blanca. Es una de las tradiciones más emblemáticas. Y que causan más revuelo en los pulcrísimos jardines de la casona alba de los inicios del siglo 18
Por mi imaginación pasan escenas cuscas del servicio secreto acribillando al tradicional conejo de pascua, por traspasar las rejas o a un grupo de especialistas del escuadrón de bombas revisando un huevo de chocolate entre algún seto de aquellos jardines que inician en la avenida Pensilvania. Todas estas escenas que ciertamente dan risa. También nos refieren a un aspecto mas humano de tan emblemático edificio, Que para muchos es el punto de poder mas importante del planeta. Pero también debemos de entender que sigue siendo una casa, si una casa como la nuestra, donde existe todo los elementos cotidianos de nuestro entorno. Donde se pueden encontrar este lunes de pascua. niños corriendo en búsqueda de los huevos de chocolate, que puso el furtivo conejo de pascua. Sin que el servicio secreto ponga mucha atención a la tan simpátrica escena.
En contra parte, nuestra casa gubernamental. Esta hundía entre masivos muros y bosques prohibidos, donde el nombre los pinos nos dan la idea de un elemento fresco y natural. Pero la realidad es muy contraria a este. La presidencia mexicana, no puede, tener vida familiar, y si la hay apenas se logra apreciar desde los muy lejanos telefotos de los foto reporteros, y no tiene la culpa el actual inquilino de los pinos ni su familia, si no toda la tradición que les antecede, donde el presidente era un ser de acero y piedra, casi un ídolo de los antiguos mexicas, donde no se le podía imaginar, mas dicando el porvenir de esta emblemática nación.
Apreciaría y tendría más afinidad con el presiente mexicano cualquiera que este fuera, si lo viera un día de sábado de gloria lanzando a uno de sus hijos al agua de alguna alberca, o jugando como cualquier padre con sus hijos.
Dicen que el gobernar una familia es casi tan difícil como gobernar una nación.
Ojala la frescura de los pinos se extendiera por toda la nación y se pueda observar a un presidente de carne y hueso, que se aparta del cargo para convivir con sus seres queridos, eso si que el estado mayor. Lo cuide cada vez más y con mayor empeño.
Como lo tiene bien merecido el que bien dirige esta nación.
Atte. Manuel Soberanes
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