Ante la emergencia que azota no solo el país o la ciudad de México, si no a gran parte de los países industrializados, no miramos los mexicanos y no nos reconocemos, por primera vez en la historia tenemos en nuestras manos, una pandemia de proporciones catastróficas para este planeta.
sin embargo los mexicanos, por primera no reaccionar cuando ya es demasiado tarde tratando de salvar lo que se pueda, ahora le entra al toro por los cuernos, y con mas garra que ganas, se aprieta el cinturón, toma medidas drásticas que afectan a la economía y al mismo tejidos social.
Las medidas han sido rudas, la sociedad lo reciente, pero la epidemia parece ceder, no se ha ganado la guerra ni la primera de las batallas, solo hemos hecho que el virus se repliegue.
Me comentan que la caótica cuidad de México hoy despierta poco a poco de su obligatoria letargo de varios días. Los ánimos están bajos, la gente cubre tanto su rostro como sus emociones, con tapabocas que emulan seres inexpresivos, la cuidad esta triste y temerosa, pues un fantasma se cierne sobre ella, amenazando el llegar nuestros pulmones con algo tan invisible que los propios científicos no terminan de ponerse de acuerdo, que es algo vivo o no lo es.
La sociedad esta inquieta e incomoda, no solo por las perdidas económicas, o por el echo de haberte encerrado en sus casa, las personas se sienten incomodas con la cuidad misma, como si algo de culpa compartieran.
El temor y la inquietud no se filtran en los tapabocas. Haciendo una inexpresiva invasión de nuestros cuerpos y mentes.
Estamos en el camino correcto de ganar esta épica batalla. Pero la gente no reconoce el éxito pues no ven a su prójimo sonreír.
Atte. Manuel Soberanes
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