martes, 4 de agosto de 2009

H2O

H2O
¿Han tenido sed? No me refiero a la sed común donde después de varios minutos uno la suprime con un buen vaso de agua, me refiero a la sed que lleva días en tu garganta, esa sed que desquebraja el espíritu y diezma las fuerzas…
Vuelvo a preguntar.
¿Han tenido sed? Que sensación de desesperación e impotencia no poder saciar la sed de uno y de los seres queridos.
Les pido que hagan un ejercicio de imaginación y se coloquen en los zapatos de Joaquín, y cuando me refiero a zapatos es solo una parábola pues él jamás ha calzado algo que protejan sus resistentes pies. Joaquín se levanta mucho antes de que el día pueda llamarse madrugada. Solo cargando múltiples cubetas y sus ojos acostumbrados a la profunda noche del desierto de San Luis. Avanza hacia el ojo de agua más cercano. Que está a 17 kilómetros. Avanza rápido entre caminando y corriendo. Le acicatea la idea de que el ojo este seco o que la poca agua que emerge se evapore ante el imponente sol de la llanura. Cuando él llega al ojo de agua el día lleva varias horas de intenso sol. El ojo de agua solo es un lodazal donde las pisadas de centenares de gentes y animales haz mezclado la poca agua con la agrietada tierra. Empuja gente y cuidando las cubetas que cuelgan de un palo, se abre paso. El dulce olor de la humedad se mantiene en el aire y casi puede saborearla por la nariz. Sigue peleando y removiendo gente para acercarse donde brota el manantial. Solo para encontrarse que lo único que queda en una charca escasa de agua achocolatada y sucia, él como todos los demás hincados intenta llenar las cubetas y demás recipientes. Sus manos cada vez recogen mas arena y tierra que agua, apenas ha podido llenar 2 cubetas de 19 litros.
En otro lado de charco ve un poco de agua, dos sobros de agua calma por unos instantes la sed. Cuando intenta dar el tercero sus labios solo experimenta la áspera arena, el sabor amargo del agua pasa desapercibido para Joaquín, al final es agua, mientras el agua se va abriendo paso por la garganta de él, este siente una sensación de placer, como si el agua enfriara su ser y al mismo tiempo lo revitalizara. La humedad que se permeaba en el suelo también causaba una sensación de alivio en las plantas de los pies, era como si su cuerpo absorbiera cada partícula de humedad por el medio que fuera. Descanso unos minutos, mientras observaba donde mas pudiera conseguir agua, la que fuera. Pocos minutos después equilibro las cubetas y se coloco el palo entre la espalda y el cuello, la facilidad con la que levanto estas hizo que su espíritu se revoloteara inquieto, pues no era suficiente. Emprendió el camino de regreso con las cubetas a cuestas y la incertidumbre presionándole el pecho.
Menos de 40 litros fueron la jornada de Joaquín. Esta agua debía de durar por lo menos dos días, y debiera de dar a beber a 2 vacas, 4 cabras, los 4 hijos, a su esposa y si sobra algo para el. Tanto su esposa como las vacas ya no dan leche, la escases de agua han secado hasta lo más sagrado. Y teme por la vida de todos sus hijos pero en especial del más chico que apenas cuenta con 4 meses.
Joaquín es el ejemplo presente, de tu vida en el futuro o la de tus hijos, cada vez llueve menos, cada vez nos acercamos a ser Joaquín.
Atte. Arq. José Manuel Soberanes Glez.

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