El terror en tiempos de influenza
6 am: me levanto de malas, ya que por la influenza mi esposa, no quiere tener contactos conmigo, y francamente verla dormida con un tapabocas, me baja todos los ánimos matutinos y vaporosos. Saliendo de la regadera, me embadurno de gel anti bacterial y me siento todo pegostioso. Pero hay que luchar contra este feroz virus. Ya en el desayuno, es presente la paranoia en la que estamos inmersos. Cubiertos desechables, platos y vasos. Los niños ya están con tapabocas y gel anti bacterial a la mano. Ya la muchacha de entrada por salida fue despedida ya que ella usaba el transporte público para llegar hasta aquí, y era una potencial fuente de contagio.
No usamos el aire acondicionado de auto, pues es un caldo de cultivo ideal para los virus, y tampoco bajamos las ventanas, ya que podemos ser asaltados, en los altos.
Es verano y aunque sea bastante temprano ya se sientes los efectos del rey sol en el vehículo que tuve a bien de comprar en negro, para que se notara menos. Sudo como loco y el tapabocas y maldigo el color negro. No me permite meter suficiente oxigeno a mi sistema. Los niños se pelean a causa del trafico y que llegaran tarde a clase, al pasar un cruce, me percato que un auto ha hecho varios movimientos iguales a los míos, me olvido del molesto tapabocas y ahora me concentro en otro peligro, el auto de atrás es bastante viejo y grande, en el van 3 personas Y con caras de maleantes. Maniobro por el complejo trafico de la caótica cuidad tratando de dejarlos atrás y buscar algún refugio para mí y mis hijos. Con pericia de un corredor de rallyes, hago varios quiebres y me logro internar en el estacionamiento de un restaurant de comida rápida, y los supuestos maleantes pasan de largo, me espero un par de minutos y retomo la marcha hacia el colegio de los niños.
Ya en la puerta de la escuela, les hacen una inspección. Y regresan a todo aquel que tenga un ligero síntoma de gripa alegría y cualquier cosa que se le parezca.
En la cola para el filtro sanitario, un estornudo, se presenta y cual si fuera un ataque terrorista, todo mundo se dispersa no siendo tan discretos, y todo mundo se revisa y se alinea el tapabocas.
Media hora tarde, para llegar al trabajo. Y el trafico esta como de costumbre, cada día peor al anterior, en el lago de autos donde estoy, no hay escapatoria, solo el ir con la densa y espesa corriente de llantas lamina y seres autómatas que pisan el freno y aceleran de vez en cuando. En la radio escucho las noticias. El tono estridente y amarillista del locutor da cifras, el número de infectados, el numero de muerte, y que es lo que pasa a nivel mundial. Y después de una pauta publicitaria pasa a otra noticas, y ahora comienza con otras cifras, ahora la de muertos en la lucha del narcotráfico, y que si 5 cabezas aparecieron en una hielera en tal lugar y que si 289 cartuchos fueron encontrados en un ajuste de cuentas, y que si tantas toneladas. Camino a la oficina hubo una narco ejecución, logro ver entre las patrullas la característica manta blanca que cubre el cuerpo. No me impacta, pues lo hemos visto mil veces en el noticiero de tv. Sin embargo me impacta lo cerca que ya están de uno, e inclusive que ya existe un termino especifico para estas.
Al llega a la oficina me percato que hay mas lugar de estacionamiento que de costumbre, cosa que agradezco pues ya llevo más de una hora de retraso, mientras espero al elevador un policía encargado de la seguridad me hace llenar un cuestionario así como me exige volverme a lavar las mano con gel. Ya en el elevador intento concentrarme en las labres propias de mi trabajo, pero los numero del noticiero ronda por mi mente, 8 toneladas de cocaína, 5 cabezas, 289 cartuchos percutidos, 4000 infectados, dos secuestros…
Dios mío todavía no llego a la oficina y mi mente está saturada, al abrirse la puerta del ascensor la amable recepcionista de la oficina me dice atrás de un tapabocas.
- Que haces aquí Ramírez, recuerda que hoy te toca descansar…-
Maldición, no solo se me olvido que descansaba por la epidemia, sino por los paros técnicos escalonados de la empresa, por la famosa crisis mundial. Enojado regreso hacia mi casa. Pensando en lo estúpido que fui, al no recodar las contingencias.
Llego a casa, me tiro en el sillón y después de ver que no hay nada interesante en la tv, me pongo a ver las escandalosas noticas. Solo para comprender que la paranoia ya me envolvió.
Y puede ser… que solo un poco, pero puede ser que disfrute del tomo alarmante de las noticas.
Manuel Soberanes
1 comentario:
pareceria ciencia ficcion pero esta muy cerca del dia a dia de este nuevo tiempo.
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