lunes, 29 de junio de 2009

ruteros

Al terminar esta semana de hechos extraños, ni crean que voy a hacer un tributo al único ser que no solo cambio de sexo si no de raza, en dado caso se lo haría a la guapa y despampánate Farra. También me entristece el caso de honduras y con cariño recuerdo a los ruteros de este bello país.
Pero ya que dos iconos de la cultura norte americana creo que los dos de los 70 y 80, nos dejaron quiero hacer un par de reflexiones, con especial énfasis a los ruteros. Ya que hoy por hoy Iberoamérica, no termina de despertar.

Iconos van y vienen, personajes se encumbran en los medios, y caen estrepitosamente entre escándalos y estupefacientes. Sus accidentadas carreras solo nos dejan ver que la fama y fortuna son tan efímeras como ellos mismos, al final la carne vence al mito y el icono sucumbe al humano…
Y con estas reflexiones en la mente, las palabras de no pocos profesores a bordo del JJ Sisiter. Retumban en mi mente. Somos más que simples estudiantes, somos más que un grupo de chiquillos. Somos la fuerza que requiere Iberoamérica para aglutinarse y volverse el gigante que es.
Hay más coincidencias que diferencias entre nuestros pueblos. De ahí reside nuestro fantástico potencial. Pero todos los “ruteros y aventureros” de este mundo tenemos algo más afín, mucho más intimo. Las afinidades se multiplican en nosotros y en la cara de un rutero vemos nuestro propio rostro, pues somos una hermandad. Forjada a base de kilómetros, y mochilas al hombro.
Con estas inquietudes en mente no propias, sino inoculadas hace 18 años, me surge la necesidad de mover el avispero y decir…
“ ya tuvimos 18 años para hacer algo de nuestras vidas, las líneas de nuestro destino ya tienen una direcciones más o menos definida, es hora de hacer realidad lo que la ruta Quetzal nos inculco… despierta rutero, que estas destinado a hacer algo mas, pues eres parte de algo tan grande como Ibero América misma. Despierta aventurero, que fuiste parte de una elite. Tendamos y fortalezcamos las redes que a los 17 años juramos que serian eternas.
Al final del día se lo debemos tanto aquellos que fundaron tan ambicioso esfuerzo, como a mostros mismos.
Atte. Manuel Soberanes Glez.
Grupo 8 amazónico 91

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