Mi camino hacia Querétaro es siempre placentero, esa recta larga y de bajada impulsa tanto mi espíritu como a mi deportivo a buscar los limites de la velocidad máxima. Por lo general siempre circulo a las 2 am entre los 180 a los 200 km/h en ese tramo. Son de los poco momentos donde toda mi atención se conecta al 100 %. El corazón late rítmicamente más fuerte, no es agolpado como cuando hay miedo, aquí es ligeramente mas rápido de los normal. Las mano firmes a las 10:10 como dictan las buenas costumbres de manejo, mirada atenta y una ligera sonrisa que se asoma por la comisura de mi boca.
Siempre he dicho que la música ideal para acelerar al máximo es la música clásica en esta ocasión las notas de Vivaldi se mesclan con el zumbido del motor. La noche es clara y apacible las nubes muy altas asomas una pálida luna que delinea los montes de alrededor. A lo lejos una camioneta me cede el paso después del cambio de luces. Tengo suficiente tiempo para llegar a la casa de esta chica. Pero el gusto por la velocidad es mayúsculo. seguro tendré que esperarme un 10 min afuera de su casa antes de toca.
Algo distrae mi atención por el rabillo de ojo derecho, una luz intensa en el horizonte de los cerros. Esta muy lejos el cerro y las luz muy intensa pienso que será, la velocidad del coche baja ligeramente pues intento voltear por la ventanilla de la derecha para distinguir que es.
¿ un helicóptero? Razono- Aquí no creo.
Que es?. Apenas estaba razonando eso cuando me percato que la luz se acerca peligrosamente hacia mi. Hace unos instantes estaba alrededor de unos 80 km y ahora recorre el valle en cuestión de segundos. Cuando intento tocar el pedal de freno, siento un impacto brutal. En mi mente solo cabe la sorpresa, el ruido me desconecta de la realidad y par mis adentros pienso. Por venir distraído ya choque. El zumbido en mi cabeza lo es todo, intento con pocos resultados distinguir algo, mis vista esta nublada. Mas bien deslumbrada. De mis sentidos Solo el tacto responde mis manos esta no solo aferradas al volante, mas bien intento estrangular al volante. El corazón lo siento en todo mi ser y en especial los nudillos y en los oídos.
Por mi mente la culpabilidad ronda, que hice!
¿estoy bien? ¿Por que no me duele nada? Poco a poco recobro parcialmente los sentidos, distingo la cabina de mi auto, el tablero el volante y mis brazos, no distingo bien pero no veo ni sangre ni vidrios, intento mover las piernas y poco a poco lo logro. Con un poco mas de conciencia y algo de terror. Buco algún punto de referencia fuera del auto.
¿Que fue a lo que le pegue? Me marcaba mi conciencia. Dime que no atropelle a alguien! Dios que paso. Siento un poco de ardor en los dedos, pero ya logro distinguir mas, cada vez que cierro los ojos una ralla azul recorre mi horizonte, como cuando uno ve una luz muy intensa.
Hago conciencia de mi velocidad y me percato que la cosa es grave, seguro estoy en shock. Lo primero que razono es que esto puede ser peor y alguien puede cocharmos por atrás,e intento poner los “ flasheres” el botón pegado a la palanca fue accionado poer no veo señal de que funcionen. La cosa esta critica, pienso. El zumbido disminuye solo para encontrarme un silencio aterrador. Me saco el cinturón de seguridad que jure que iba estar trabado. Y abro con demasiada facilidad la puerta. Mi vista ya asi esta recuperada. Y me percato que el abajo del pie que tengo afuera hay hierba. Intento buscaren vano algún vehículo. Solo veo hierba alta típica de la temporada de lluvias, dirijo mi vista primero al frente de mi deportivo. Y me percato que esta impecable. me toco la cara sin razón aparente, como comprobando que toda vía la tenia. Son dar crédito a lo que mis ojos ven intento tímidamente tocar mi auto. Solo para sentir una carrocería tan perfecta como el dia que salió del la fabrica alemana, pero con algo que desafía mi razón increíblemente caliente. El ardor de la palma de mi mano es tan intensa que creo despertar de este sueño raro, o el shock en que me encontraba. Pero no fue asi. Me quede aprenado el puño de la mano quemada por varios minutos, sin pensar, como ido, hasta que Vivaldi sono adentro de mi auto, un sobresalto y un escalofrió recorrieron mi cuerpo como adrenalina pura, las luces de auto me deslumbraban y el motor en marcha con su característico ronroneo. A lo lejos escucho música de banda, hacia donde las luces de mi auto apuntan. Con una mescla de miedo e incertidumbre me voy alejando de mi auto hacia aquella música. Solo para encontrarme la camioneta y su ocupante, en als mismas condiciones que yo, casi un zombi con sombrero, caminaba por instinto. Casi de manera robótica, cuando me distinguió entre la penumbra. Como acto divino, callo de rodillas y balbuceaba lo que distinguí como un ave maría muy atropellado. Todavía no muy consiente me acerque poco a poco a que pobre hombre que rezaba con terror. Y mientras mas me acercaba el pobre penitente en vez de rezar chillaba. Al punto de que su voz era asi un chillido.
Al tratar de pronunciar palabras mi boca se sentía seca. Casi sin humedad alguna, no pude articular un par de palabras, mas bien sonó a un gruñido o a una toz con asma, intente tragar saiva para aclara la garganta, y sin lograrlo eso logro que se aclarara mi agiganta. E intente comunicarme otra vez con aquel aterrado hombre.
- ¿Estas bien? Intente decir.
el aterrado hombre me respondió casi a nivel de suplica – Ave María Purísima perdona mis pecados.
Creo que chocamos- dije con el tono mas amable que pude. Pero el hombre seguía hincado aferrado sus rezos. Cuando me acerque mas y me distinguió mejor, cambio su rostro de pánico a un terror mas soportable y entre lagrimas me dijo:
- ¿Que me paso? ¿Qué nos paso? ¡Virgen santa líbrame del infierno! Santo niño de atocha líbrame del castigo eterno- Replico.
Con mas dudas que calma me acerque al aterrado sombrerudo y al tocarle el hombre sentí que temblaba como hoja, al igual que yo.
Por inercia me hinque al igual que el. No para rezar, si no para tratar de ordenar mi cabeza en esa posición. Me tocaba ansiosamente la frente con la mano no quemada. Con los ojos cerrados vea un luz intensa en mis ojos, un azul eléctrico tirándole a violeta dominaba mis parpados. El ranchero sollozaba ya un poco mas tranquilo. Y le pregunte sin esperar respuesta- ¿que paso? – el ranchero moqueando dijo- nos morimos toditos. A lo que respondí sin estar muy seguro- no creo, creo que chocamos!- una pausa larga nos mantuvo entre silencio y sollozos. A lo lejos escuche el ruidoso motor de un camión grande. Y eso me despertó del letargo en el que estaba entrado. Con mas fuerza de voluntad que fuerza física. (No entiendo por que) me levante y caminé entre la hierba alta hacia donde hace unos segundo escuche un camión pasar. Después de muchos pasos casi en ciego. llegue el asfalto de la carretera. Con la mano sana me dispuse a hacer señas, sin mucha respuesta de los conductores. Varios minutos y nada los conductores no hacían caso a mi ser, como si fuera un fantasma. Pro mas que agitaba la mano los conductores ni aminoraban la marcha.
Continuara…
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