lunes, 15 de septiembre de 2008

un escrito de hace tiempo


Ayer me volví a enfrentar a la muerte. Vieja conocida y contrincante mía. El dolor en el pecho por varios días el brazo izq. Adormecido. Y el sofocarme. Era indicios que algo no estaba bien, en un pico de dolor, decidí ir al hospital. Primera vez en mi vida que hago eso. Me siento incomodo por el dolor y por la situación. Por primera vez en mi vida me siento brutalmente frágil. Me percato de que por primera vez en mi vida consciente, este encuentro con la parca, no depende de mis músculos mi etamina o mis decisiones. Mientras manejo al hospital siento que voy a la derriba.

Llego a urgencias de un hospital estatal mi el calvario del “paciente” comienza se como funcionan las salas de urgencias, interminables noches lleve gente ahí. A la arena de la vida donde algunas la ganan los médicos y otras la muerte. Mientras me hacen el electrocardiograma. Miles de refecciones llegan a mi mente. Pero la más abrumadora, es que me percato de que soy mortal. Por primera vez en la vida. Soy consciente de que uno puede morir en cualquier momento, y poco puede hacer uno, ante el destino. El electro sale y lo interpreta un interno con cara de adolecente. La voz segura y contemple, desfallece ante la mirada insegura, revisa la interminable tira color naranja y hace inca pie en varios satitos de la grafica. La inexperiencia hace que me sienta yo incomodo. Y casi con un pie en la tumba. Pasan largos minutos sin ser atendido esa larga espera donde el tiempo corre espesamente con aceite grueso. Contrasta esa sensación con el bulliciento ambiente del la sala de urgencias todo mundo camina de un lado pal otro y haciendo un análisis solo 3 mujeres hacen su trabajo eficientemente. Los demás platican y simulan que trabajan

Pasan dos horas, una ancianita me dicta su biografía, donde los puntos importantes es los desnaturalizados hijos que jamás la ven. En esas dos horas ya analice todos los manejos de esa sala. Se quien trabaja,,, se quien platica, se quien se esconde en un cubículo pa platicar. Reconozco a los doctores viejos que andas “perreando” a las pasantes. A las dos horas y media, ya con la paciencia a medias y el miedo sometido decido levantar un poco la voz. Casi takleo a una de las doctoras eficientes y con el mejor de las educaciones y con el tono mas dulce le expongo mi casi mis dos horas. Rápidamente me asigna a otro pasante, y las cosas empiezan a fluir. Me sacan sangre, la llevan al laboratorio y un par de horas más. Hago un análisis de mi vida y me percato que no he hecho nada de importancia, reviso mi vida a profundidad y no soy la persona que quiero ser. Como la posibilidad de morir te hace sentirte mas vivo mas despabilado. Es increíble que en la vida uno no se percata de la vida misma, mientras que si uno esta en el borde, así si siente uno la vitalidad. Toda mi vida hice cosas peligrosas he estado en ese famoso borde. Pero sabia que el éxito o el fracaso dependía de mi habilidad destreza fuerza y estamina, mientas que aquí depende de otras personas y eso hace que las cosas sean aterradoras, en espacial cuando los pasantes tienen fierros pegados a los dientes, sonrisas idiotas y actitud de adolecente. Me hago promesas de dejar de comer porquerías, volveré a hacer ejercicio…mis reflexiones se interrumpen de golpe cuando veo a uno de los pasantes salir de un cubículo con una erección digna de presumir ni la bata le esconde eso y atrás de el una enfermera con una sonrisa que ni con cirugía plástica se la quitan, diablos donde estoy, cero que ya morí y esto es el infierno mientas hay gente agonizando en las camillas estos se excitan en la camilla de alado. Es una escena digna de Kafka. Llega potro interno me dice que mis resultados están en las normas adecuadas y que me da de alta, con el dolor exactamente igual salgo. Y pregunto que cuanto debo de pagar ellos ponen cara de interrogación y me dicen que no es nada,,, salgo de ahí con el dolor , mas angustiado y habiendo perdido mas de 5 horas de mi vida.

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